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Tomorrowland: El Mundo del Mañana

Sinopsis:
Tomorrowland: El Mundo del Mañana Unidos por el mismo destino, una adolescente inteligente y optimista, llena de curiosidad cientifica, y un antiguo niño prodigio inventor, hastiado por las desilusiones, se embarcan en una peligrosa mision para desenterrar los secretos de un enigmatico lugar localizado en algun lugar del tiempo y el espacio, conocido en la memoria colectiva como “Tomorrowland”, y asi salvar a la humanidad. Tomorrowland: El Mundo del Mañana La primera impresion –fugaz, probablemente equivoca, fuertemente impresionado- que me vino a la cabeza viendo Tomorrowland fue que estabamos ante el Super 8 (2011) de 2015. Al fin y al cabo Brad Bird ya recogio el testigo de J.J. Abrams cuando se hizo cargo de las aventuras de Ethan Hunt en Mision Imposible: Protocolo Fantasma (2011). Siendo un cineasta de herencia claramente spielbergiana -¿hace falta que recordemos su magistral debut en el campo del largometraje animado con la totemica El gigante de hierro (1999)?-, Bird, ya sea en el mundo de la animacion o en el de la ficcion real, ha demostrado ser un creador capaz de conjugar la desbordante imaginacion propia de la ciencia-ficcion de los años sesenta con la excitante aventura juvenil propia de los años ochenta: en el caso que los ocupa, mas cerca de Exploradores (1985) que de Los Goonies (1985). Pero a medida que avanza Tomorrowland, el tono marcadamente naïf (y profundamente cinefilo) de la obra, se va convirtiendo en algo tremendamente mas ambicioso: mitad juguete sci-fi de multiples guiños a las obras canonicas del genero –probablemente es lo que buscaban tanto Spy Kids(2001) como Sky Captain y el mundo del mañana(2004)-, mitad parque de atracciones meta-cientifico, donde convive tanto el espiritu steam-punk –ese improvisada lanzadera de cohetes parisina- como la arquitectura fantastica de ultima generacion; la pelicula de Bird tambien posee un trasfondo amargo –mas alla de que toda la pelicula verse sobre como esquivar un futuro distopico-, nada ajeno tanto a la humanizacion de las inteligencias artificiales –Spielberg, de nuevo- como a las historias de amor de imposible resolucion –ahi, si cambiaramos robots por vampiros, se podria buscar un perfida comparacion incluso con Dejame entrar (2008)-. La pelicula esta centrada en vehicular una narrativa tan acelerada como fluida, donde el thriller de caracter nostalgico pese mas que las escenas de accion en si mismas: aqui la violencia queda soterrada bajo todo tipo de gadgets futuristas y androides inorganicos (casi plasticos) de lo mas patoso, buscando la comicidad por la via de la espectacularizacion del gesto. De tal forma que el discurso base de la obra: “solo los soñadores pueden cambiar el mundo”, acaba trascendiendo y, por ende, contagiando al espectador, convirtiendole a el tambien en protagonista de esa aventura bigger-than-life a la que, al menos este cronista, se entrego con los brazos abiertos. Y cuando ocurre algo asi puede deberse basicamente a dos factores: o bien la pelicula esta tan bien resuelta que logra convertir la experiencia estetica de su visionado en una aventura de caracter intimo irrenunciable, o bien el cronista adulto anda necesitado de volver a revivir el cine con el que crecio como espectador y donde se cimento su amor por el cine. En mi caso particular probablemente se trate de la suma de ambos factores pero, ¿es eso negativo? ¿Acaso importa? Al final cuando uno ve una pelicula establece un pacto unico e intransferible con aquello que esta contemplando (viviendo). Por eso Tomorrowland me parece algo maravilloso, porque me ha hecho olvidarme de mi condicion de critico cinematografico y me ha convertido en un espectador mas. Y, lo siento, pero cuando yo disfruto tanto de una pelicula a esta solo la puedo tildar de obra maestra. Que lo sea o no, ya me preocupa menos.

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