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Non-Stop

Sinopsis:
Bill Marks (Liam Neeson) un veterano agente del servicio aéreo de los Air Marshalls pasa por una mala etapa: tiene problemas con la bebida y últimamente se toma su trabajo como una rutinaria tarea de vigilante a bordo de un avión. Sin embargo en un viaje de Nueva York a Londres recibe una serie de misteriosos mensajes de texto en los que se le pide que inste al gobierno a hacer una transferencia de 150 millones de dólares a una cuenta secreta. En caso contrario un pasajero morirá cada 20 minutos. Comienza así un juego del gato y el ratón a 40.000 pies de altura y con la vida de 200 pasajeros pendiente de un hilo. Non-StopBill Marks un oficial de seguridad durante un vuelo de Nueva York a Londres recibe varios mensajes de texto anónimos exigiendo que obligue a la aerolínea a transferir 150 millones de dólares a una cuenta. Hasta que no cumplan sus demandas matarán a un pasajero cada 20 minutos. Con sólo un par de personas de confianza Marks debe usar todo su entrenamiento para descubrir al asesino.Las mejores parodias no tienen nunca el poder suficiente para acabar de una vez por todas con un arquetipo gastado por el uso. En otras palabras el risible héroe con trauma a cuestas de Aterriza como puedas (1980) —e incluso el Lloyd Bridges que en la misma película escogió mal día para dejar el pegamento y otras surtidas adicciones— no nos libró de que los manuales de guión siguieran aconsejando el uso de arquetipos enfrentados a sus mayores miedos y fobias para salvar el día. En este sentido el arranque de Non-stopquinto largometraje del cada vez más firmemente instalado en la industria estadounidense Jaume Collet-Serra —todo un sueño húmedo para cierto prototipo de joven cineasta español— resulta poco menos que temerario: en las cercanías de un aeropuerto las temblorosas manos del protagonista —agente de seguridad de incógnito en vuelos internacionales— manejan una delatora botella de whisky. Al espectador le puede costar tanto salir de su asombro ante ese aparente ejercicio de obviedad que corre el riesgo de pasar por alto el virtuosismo formal de la escena que llega después: un paseo por el aeropuerto con la visión empañada que se detiene en varios potenciales focos de sospecha —entre ellos un musulmán— antes de llegar a la puerta de embarque.La botella de whisky y las manos temblorosas tienen algo de afortunada maniobra de distracción. En realidad ambas cosas son lo que parecen pero lo que no es lo que parece es directamente el conjunto: lejos de un impersonal y rutinario ejercicio de acción en el espacio claustrofóbico de un avión Non-stop se revela pronto unblockbuster con toque de distinción afirmando a Collet-Serra como artesano capaz de introducir sugestivas disonancias —como hizo en su extraña carta de presentación La casa de cera (2005) con las claves del cine de terror palomitero— en melodías ya reiteradas. La película no quiere ser tanto una prolongación de esa recién adquirida condición de action-hero por parte del maduro Liam Neeson como un bien modulado ejercicio de suspense especialidad psicópata omnisciente (a través de la tecnología portátil) dispuesto a jugar al gato y al ratón con héroe victimizado. Hay giros inesperados —uno casi polanskiano— y un fin de fiesta con alto sentido del espectáculo. Solo faltarían el estilo y alguna pulsión inconsciente. 

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