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No es más que el fin del mundo

Sinopsis:
No es más que el fin del mundo Sólo el fin del mundo está basada en la obra de teatro del mismo nombre de Jean-Luc Lagarce. Narra el regreso a casa de Louis (Gaspard Ulliel) un escritor enfermo terminal que tras una larga ausencia vuelve a su ciudad natal para decirle a su familia que se está muriendo. La noticia despierta viejos resentimientos y crea discordia impidiendo la empatía en un grupo de personas incapaces de escuchar y de amar.La nueva película escrita y dirigida por Xavier Dolan (Mommy The Death and Life of John F. Donovan) es un drama protagonizado por Gaspard Ulliel (El arte de amar Largo domingo de noviazgo) Marion Cotillard (Macbeth El caballero oscuro: La leyenda renace) Léa Seydoux (Spectre La vida de Adèle) Vincent Cassel (El cuento de los cuentos El niño 44) y Nathalie Baye (Una dulce mentira No se lo digas a nadie). No es más que el fin del mundo CriticaHay un momento en Mommy (2014) el anterior largometraje de Xavier Dolan que me parece por completo representativo de su cine. El adolescente protagonista sale a la calle liberado de uno de sus múltiples conflictos con su madre y el formato de pantalla hasta entonces cuadrado se abre como una cortina hacia los lados convirtiéndose en panorámico. Es una estrategia habitual en estos días cuando el cine atraviesa una etapa abiertamente dubitativa respecto a sus nuevos modos de representación pero como todo en este complicado mundo se puede hacer bien o mal de manera que tenga un sentido dramático y expresivo o que solo sea una manera de exhibicionismo más. En el caso de Mommy confieso que no sé qué pensar: por un lado ese instante procura una emoción momentánea pero genuina permite respirar al espectador tras minutos y minutos agobiantes; por otro es un recurso fácil un truco cuyo efecto termina poco después de haberse producido. Pues bien ese es el talante del cine de Dolan y de nuevo de su último trabajo Solo el fin del mundo: casi siempre por lo menos para este crítico lo que en un primer momento nos ha parecido inventivo y emocionante se revela tramposo y efectista poco después.Solo el fin del mundo responde a dos de los elementos más queridos del cine de Dolan ya desde sus primera películas las sorprendentes J’ai tué ma mère (2009) y Les amours imaginaires(2010). El primero de ellos es su obsesión por la familia y en concreto por la figura de la madre núcleo de amores desgarrados y ambiguos pero también de conflictos y odios desaforados. El segundo se centra en su querencia por estructuras dramáticas desquiciadas exageradas que subrayan las emociones hasta límites casi paródicos. No es de extrañar en este sentido que por fin haya recurrido a las que deben de ser sus fuentes originales pues Solo el fin del mundo por mucho que se base en una pieza de Jean-Luc Lagarce tiene más que ver con el teatro norteamericano de Tennessee Williams o William Inge al tiempo que se reconoce en los angry Young men británicos de los 60 por ejemplo en Allan Sillitoe o John Osborne. Veamos. Un joven escritor enfermo terminal regresa a la casa de su familia para comunicar la noticia y de algún modo intentar una reconciliación con aquel mundo tan doloroso e inextricable para él. Desfilan entonces los personajes típicos de este tipo de esquemas: la madre posesiva la hermana ahogada por el ambiente el hermano malhumorado y rencoroso… Nada nuevo bajo el sol si no fuera por el estilo desgarrado de Dolan a base de histriónicos primeros planos y rupturas constantes de la continuidad dramática que finalmente se convierte en puro fuego de artificio en pura vacuidad.El problema no es que Dolan prefiera el exceso a la observación paciente. El problema reside en que ese estilo desquiciado se aplica al material de partida como a la fuerza con calzador nunca surge espontáneamente de un trabajo riguroso de puesta en escena. Dolan utiliza la cámara como si fuera una ametralladora y a partir de ahí no comparece ninguna emoción auténtica solo andanadas melodramáticas que impactan más por su esquemática superficialidad que por el trabajo con personajes y situaciones. Y de este modo esa historia familiar que debería ser una puesta al día del cine de Cassavetes o Almodóvar se convierte en una función de títeres más bien pirotécnica donde no importan tanto las motivaciones de los personajes o el modo en que Dolan los mira como sus rasgos más caricaturescos subrayados por una concepción del cine más cercana al espectáculo circense que al arte de crear imágenes con sentido.

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