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Nebraska

Sinopsis:
Nebraska La historia gira en torno a un alcohólico y su hijo que se adentran en un viaje desde Billings en Montana con destino a Lincoln Nebraska. Con asuntos pendientes el padre decidirá que ya es hora de saldar cuentas y reclamar un premio que asegura haber ganado. Un trayecto para conocerse y conectar rompiendo todas las barreras que los separan. un duro muro que les mantiene apartados el uno del otro. Una película que representa como estimulo visual  exótico y diferente que retrata un humor inexpresivo y frio sobre las relaciones de familia la confianza y el cariño Dirige la película Alexander Payne (Los descendientes Entre copas Cinema 16 : American Short Films) y cuenta en su reparto con Bob Odenkirk (serie Breaking Bad) Will Forte (La vuelta al mundo en 80 días) y Bruce Dern (Inside Out) entre otros. Nebraska CriticaEn su continuo crecimiento como cineasta Alexander Payne ha conseguido con Nebraska su obra más madura si me apuran la más perfecta (si es que es cierto que existen distintos niveles de perfección). Si en las predecesoras ‘A propósito de Schmidt’ (2002) y ‘Entre copas’ (2004) el cinismo nostálgico era el elemento narrativo predominante en ‘Nebraska’ se giran las tornas situando en primer lugar esa aventura humana bañada en una melancolía existencial donde vencedores y vencidos bailan al compás del inexorable paso del tiempo. Payne regresa a Nebraska su hogar natal (y particular Yoknapatawpha del autor) para contarnos esta bellísima historia de relaciones paternofiliales de herencias de pesares vitales y de la virtud del perdón y del amor incondicional. Para ello coge a un padre gagá –tremendo Bruce Dern premio en Cannes (y eso que Payne escribió el texto para que lo interpretara Gene Hackman)- y a un hijo sufridor (Will Forte) y los lanza a una aventura imposible: un viaje a Ítaca (Nebraska) donde el primero tratará de cobrar uno de esos premios-estafa –”¡Ha ganado usted un millón de dólares!”- que envían todo tipo de empresas para engañar a los más desprevenidos; bajo dicha excusa lo vivido en la película será un viaje de reencuentro tanto de un hijo con su alcoholizado padre como con toda la gente de su pueblo natal –magnífico el extenso reparto de secundarios-. Todos ellos gente y pueblo retratados por la cámara en blanco y negro de Payne como entes fantasmáticos en continua transición hacia su extinción.El tono crepuscular de ‘Nebraska’ así como esa sensación de estar viviendo una gran última aventura de carácter redentor acerca la obra a dos piezas clave del Hollywood moderno: ‘The Last Picture Show’ (1971) de Peter Bogdanovich y ‘Una historia verdadera’ (1999) de David Lynch. De la primera capta a la perfección esas últimas imágenes de un tiempo en descomposición –e incluso de una manera de hacer cine: cambiando los años 50 con los que se crió Bogdanovich por el cine de los 70 que educó las formas del cine de Payne- el estertor de una actitud y un modus vivendi sin cabida en la era contemporánea; y de la segunda ese tan profundo como bellísimo y emocionante viaje personal –al fin y al cabo ‘Nebraska’ también coquetea con los tipismos de la road movie- transmutado en gran aventura humana y destinado a servir como expiación final de una vida que probablemente (y como todas las vidas) está sobrada de equivocaciones.Así si en ‘Los descendientes’ ya existía un alegato pro-familia –nada conservador que nadie se confunda; el amor que vuelca Payne en su obra va ligado a la comprensión del otro a la alquimia que surge de la convivencia entre seres antitéticos al perdón de las faltas más graves posibles etc- a la vez que se servía de ésta como epicentro del núcleo dramático que empujaba la obra. En ‘Nebraska’ redobla su apuesta en un calculadísimo ejercicio funambulista donde el relato de carácter universal se asienta sobre unas formas estéticas anacrónicas –ese blanco y negro digital esos encuadres panorámicos aplastando objetos y personajes- que acaban descubriéndose como las perfectas para cincelar una historia cuyo alcance supera todo lo previsto. Y así desarmado y conmocionado te deja la película a su cierre. Recuerdo salir de la sala tras su presentación en Cannes y verme obligado a coger el teléfono para llamar a mi padre. Simplemente eso. 

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