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La Cordillera

Sinopsis:
La Cordillera El presidente de Argentina, Hernán Blanco (Ricardo Darín) lleva tan solo seis meses en el poder. Es un hombre común, de clase trabajadora, que empezó desde abajo. Blanco asiste a una cumbre de países latinoamericanos que ultiman los detalles para crear una Alianza petrolera transnacional, con Brasil presionando por llevarse el papel más jugoso del acuerdo. La tensa reunión se celebra en plena cordillera de los Andes, a más de 3.000 metros de altura. Mientras, la sombra de un caso de corrupción planea sobre su gobierno, y además el presidente deberá resolver un asunto personal que podría afectar tanto a su vida privada como pública.Santiago Mitre (El estudiante, Paulina) dirige este filme que ha co-escrito junto a Mariano Llinás (El escarabajo de oro). Ricardo Darín (Nieve negra, Truman, Elefante blanco) protagoniza esta película cuyo reparto completan los actores Dolores Fonzi (La Leona), Érica Rivas (Relatos Salvajes), Elena Anaya (La piel que habito), Gerardo Romano (La Fuga), Paulina García (Gloria), Alfredo Castro (El Club) y Daniel Giménez Cacho (Blancanieves). La Cordillera CriticaEn mitad del relato de La cordillera, Santiago Mitre decide cambiar por completo el tono de thriller político de la película para coquetear con el fantástico à la Hitchcock: un psicoanalista hipnotiza a Marina Blanco (Dolores Fonzi) –la hija del recién nombrado presidente de la República Argentina, Hernán Blanco (Ricardo Darín)–, que sufre ataques psicóticos. Situaciones desesperadas exigen medidas desesperadas, porque el presidente se encuentra en mitad de una cumbre de países latinoamericanos que deberá acordar (o no) un pacto geopolítico estratégico en el sector de la energía, y no puede permitirse cualquier atisbo de crisis familiar. ¿Qué esconde la hija de Blanco en el oscuro abismo de su inconsciente, si es que oculta algo? ¿Qué esconde, por su parte, el presidente de la República?La cordillera comienza, así las cosas, como una película de conspiraciones –que muchos han querido ver como la traducción argentina deHouse of Cards (con algo de desatino)–, y así lo subraya la hipnótica secuencia que inaugura la cinta. Pero las intenciones del filme van algo más lejos, porque en realidad lo que pretende Mitre es hacer de ese terreno montañoso en el que tiene lugar la historia el escenario de un rito de paso político por el que un hombre común abraza el mal, si es que no lo ha abrazado antes de poner el pie en las cumbres de los Andes. “El mal existe”, confiesa el personaje interpretado por Darín (espléndido) en una entrevista que le hace una periodista (Elena Anaya), y sus ambiguas palabras resuenan en la composición del plano con el que Mitre nos enseña el rostro ausente del protagonista al responder esa frase. Nada más definitorio y a laMostrar mas

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