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Jersey Boys: persiguiendo la música

Sinopsis:
Jersey Boys: persiguiendo la música Basada en el musical homónimo ganador de un premio Tony Jersey Boys cuanta la historia de los “Four Seasons” es un viaje a través de su carrera profesional y su vida personal los duros momentos que atravesaron sus enfrentamientos y el triunfo de un grupo de amigos cuya música llegó a marcar el símbolo de toda una generación. Lejos de ser un simple concierto tributo el filme se centra en las relación entre los miembros del grupo y especialmente en Frankie Valli el menor de ellos. Siguiendo al cuarteto de cantantes muestra como estos aplican en cada faceta de su vida el código de honor aprendido en las calles de su nativo Nueva Jersey donde cada día tenía lugar un nuevo desafío. En definitiva Jersey Boys pretende echar la vista atrás para reflejar un sonido que ha conseguido perdurar durante cuatro décadas en el corazón de sus fans.El guionista de Gladiator y Skyfall es el encargado de la escritura del libreto de la película que dirige el veterano Clint Eastwood (Gran Torino) y en la que participan como productores ejecutivos los miembros de “Four Seasons” Frankie Valli y Bob Gaudio. Jersey Boys: persiguiendo la músicaAunque en Piano Blues (2003) la pieza que realizó para la serie Blues de Martin Scorsese en la que se sentaba al piano junto a Ray Charles Clint Eastwood ofreciera su variante documental del musical no era sino cuestión de tiempo que el autor del oscurísimo biopic de Charlie Parker (Bird 1988) regresara a un género que en todo caso siempre ha perfilado desde el camuflaje y la hibridación. En este caso se trata de unaadaptación de un gran éxito de Broadway (más de 17 millones de espectadores) que narra entra la nostalgia la admiración y la hagiografía la historia de Frank Valli y The Four Seasons desde la formación del grupo de Nueva Jersey en los años cincuenta hasta su ingreso en el Rock & Roll Hall of Fame a principios del siglo XXI. Como fondo dramático del musical Valli y sus compañeros mantienen sombrías relaciones con la mafia local encarnada en la figura de Christopher Walken y en una larga y clave escena central con la que los “chicos de Jersey” especialmente Tommy DeVito (gran Vincent Piazza) mantuvieron una estrecha relación. No en vano Frank Sinatra era su Dios.La historia de Frankie Valli es ciertamente memorable. Cantante singular con la voz de falsete que le hizo famoso en temas como Sherry o Big Girl’s Don’t Cry y que luego abandonó en su carrera en solitario en la que entregó títulos tan clásicos como Can’t Take My Eys Off You o el tema principal de Grease (capítulo que quizá por razones de derechos no aparece en la película) pero también un personaje bigger than life tan caro para la filmografía eastwoodiana y el cine norteamericano de tradición clásica de la que hoy Eastwood parecer ser el único que la mantiene viva. De hecho el guion de Jersey Boys escrito por Marshall Brickman y Rick Elice a partir del musical escénico auspiciado por el propio Valli hunde sus raíces en la tradición escénica de Broadway pero al contar la historia desde el punto de vista de los cuatro miembros del grupo –que una y otra vez rompen la cuarta pared para dirigirse directamente al público– incorpora elementos que poco a poco hacen despegar la película de su clasicismo inicial para introducir algunos desafíos narrativos y formales que aparecen por primera vez en la filmografía del autor de Sin perdón.En su primera parte Jersey Boys narra de forma lineal la formación y meteórico ascenso del grupo a los primeros puestos de ventas adoptando un registro prácticamente de comedia donde un personaje es el jovencísimo y futuro actor Joe Pesci (por entonces un buscavidas en el panorama artístico de Nueva Jersey) pero el filme se transforma cuando el grupo llega a la cima de su popularidad en el Ed Sullivan Show. Es ahí donde la narrativa se quiebra se retuerce y da saltos hacia atrás y adelante en el tiempo para dar paso a una segunda parte tomada por el drama y la oscuridad las salvajes elipsis y las tragedias personales. El ritmo del filme en su recorrido por las décadas del artista es casi scorsesiano pero prescindiendo de fuegos artificiales en la sala de edición y apenas da tregua al espectador. Eastwood una vez más encuentra el equilibrio entre el fondo y las formas de lo que narra.La gran y fértil contradicción de la película es que ésta parece llevada por la aspiración de “reinventar” el género pero sin abandonar su clasicismo. En cierto modo se empeña en ocultar el artificio pero haciéndolo evidente al mismo tiempo. La secuencia de créditos finales es en verdad la única que remite directamente tanto a su origen como al periodo final del musical clásico filmado en estudios como si Eastwood homenajeara directamente a West Side Story. De nuevo el autor de Gran Torino conquista la compleja sencillez que caracteriza tantos de sus trabajos. Detectamos la búsqueda sin aspavientos el flujo orgánico en el que el director desaparece entre las imágenes si bien nunca deja de

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