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Hogar dulce infierno

Sinopsis:
Hogar dulce infierno Don Champagne parece tenerlo todo: un negocio exitoso una casa perfecta hijos perfectos y esposa perfecta. Desafortunadamente cuando su esposa se entera de suamorío con la nueva vendedora esta vida de ensueño suburbana se sale de control. Don se da cuenta que su esposa no se detendrá ante nada incluso mataría para mantener su vida donde la percepción lo es todo. Hogar dulce infierno“La perfección es la clave la perfección lo es todo” tienes razón Anthony Burns la teoría está clara pero fallas estrepitosamente en la práctica olvidando que por muy controlada detallada precisa y perfecta que sea una escena ello no te garantiza el éxito de una risa soñada.Todos los actores coinciden que es más fácil obtener una lágrima del espectador que una sonrisa espontánea más difícil una carcajada natural que tristeza en el alma más accesible el drama que la comedia y no deben ir mal encaminados pues la eterna candidata a novia de América que desde que dejó su trabajo de enfermera por aspiraciones mayores confunde cantidad con calidad a pesar de su correcto trabajo esfuerzo y cambio de registro no consigue ese delirio esperado esa mueca instantánea esa diversión y jocosidad urgente como garantía de triunfo de un argumento que se apoya en el absurdo y la excentricidad como base de su andadura pero se excede en las posibilidades de sus pasos erra en el ritmo y compás confianza en una fuerza que no domina y que se le escapa abusa de su inicial propósito de desmadre y locura para quedarse varada a medio camino y ser incapaz de lograr la tan ansiosa perfección de sus intenciones que se quedan en muestra gratuita sin tentación de compra pues no hay nada más melancólico que un vendedor que no vende ni nada más penoso que una comedia que se cree delirante y no provoca ni humor ni gracia.Matrimonio bien conjugado que tiene que enfrentarse a crisis personal que resuelven por el camino rápido obsesiva-manipuladora-dominante-ambiciosa-controladora-maniosa-sádica ella una Katherine Keigl aprobada sobre papel pero no degustada con tono y placer en el plano como devota madre/amante esposa de un necio bobo lelo débil y dominado Patrick Wilson que al igual que su compañera y a pesar de la corrección ahínco y fuerza de voluntad -a ambos les falta chispa ingenio y salero pues no todo es recitar el texto- no logra sacar apenas nada de su personaje ya que si “la paranoia no es más que estar alerta” aquí el guión y los diálogos las escenas y planteamiento de las situaciones extravagantes y ridículas pecan de estar a las puertas de la gloria y no entrar a metros de la cumbre y no coronar acercarse al cielo y quedarse sin sabor gusto ni paladar.Maneja drama chistoso con tintes esperpénticos de gran desatino y no sabe encontrar la sustancia loca y revulsiva de ilusión que enganche al público en la visión atractiva de lo repulsivo pretende desenfreno que no causa daño lujuria sin arrebato ni frenesí atrevimiento sin emoción éxtasis o ardor en su excursión y donde sólo queda la resignación de verles actuar con ganas pero con ausencia de sentimiento y pasión sin apetencia de acompañamiento ni disfrute del teatro montado de la bufonada expuesta su aventura narrativa no consigue salpicar ni una gota de adrenalina o furor un mirar sin sentir ni vivir ni participar ni perspectiva de que se presenten ningún fruto ni beneficio que recoger de esta banalidad simple vestida con traje de disparatado desbarío con poco acierto en su disparate sin agudeza fortuna ni talento para escapar a la simpleza de su partida medio y final.Su retorcido intento no logra aprobado sólo la baja del vidente por equivocación de encauzar su torrente de energía y desatino limitándose a payasada de circo sin aplauso ni laurel.“Te quiero más que a la luna y las estrellas” sólo que ¡ni las ves de lejos! ni mucho menos ¡logras alcanzarlas!; al menos Ícaro tuvo la voluntad y osadía de acercarse al son aunque ¡le costara la vida al derretirse sus alas! 

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