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Hampstead: Una cita en el parque

Sinopsis:
Hampstead: Una cita en el parque Emily Walters (Diane Keaton) es una viuda que vive a las afueras del barrio de Hampstead en Londres, junto al gigantesco y tranquilo parque que se encuentra en la zona. Ella, desde que falleció su marido, es incapaz de centrarse en cosas que requieren su atención, como su apartamento, sus finanzas o su hijo Philip (James Norton). Y, a pesar del apoyo de su amiga Fiona (Lesley Manville), no es capaz de evitar que si vida siga derrumbándose. Pero un día observa cómo un hombre que habita una destartalada cabaña es atacado por una banda profesional de matones, por lo que llama a la policía mientras sigue mirando. Después se adentra en el bosque para buscar a su vecino y, así, descubre que unos promotores inmobiliarios amenazan con la pacífica existencia del lugar.Joel Hopkins (Un golpe brillante) dirige este drama que ha escrito Robert Festinger (Puedes confiar en mí) y que protagonizan Diane Keaton (Ático sin ascensor) y Brendan Gleeson (En el corazón del mar). En el reparto también encontramos a Lesley Manville (Maléfica), Alistair Petrie (Victor Frankenstein), Simon Callow (Golden Years), Jason Watkins (la serie The Hollow Crown) y James Norton (la serie Guerra y paz). Hampstead Una cita en el parque CriticaLa primera sensación que le asalta al espectador de esta simpática y voluntaria, inteligentemente tierna, reformulación veterana de la comedia romántica, es que si Diane Keaton anda por un parque lo lógico es que saliera de detrás de un seto un asesino en serie con un machete, o que la confundieran con algún secundario de A la caza en plena práctica del cruising. Es el problema de los años y años que lleva esta actriz funcionando con el piloto automático de sonreír a lo Profidén y/o ponerse a llorar sin mesura comprando todas las papeletas para una (políticamente incorrecta, claro) bofetada. Sin embargo, ese primer y primigenio temor se va disipando poco a poco merced al buen oficio de un director que también parecía que iba a encendernos con almíbar con Nunca es tarde para enamorarse pero que al final nos ganaba el corazón gracias a su buen hacer y a la minuciosidad, el tacto con el que narraba unas historias de amor otoñales sin caer en ñoñerías o la autocomplacencia.Una cita en el parque es consciente de qué funcionó en ese film que acabo de citar y mantiene esa estructura pausada, de presentar a unos personajes con fondo, de darles su tiempo, de dejarles más escuchar y mirar que hablar. En esos encuentros que los dos protagonistas van teniendo en ese parque que da título al film vamos descubriendo cómo son en realidad, sus carencias afectivas, su capacidad para conectar y ayudarse mutuamente. El aire británico de la película es otro aliciente de la misma: dos mundos opuestos, incluso dos escuelas interpretativas (Keaton y Gleeson) antagónicas, que nos recuerdan a los relatos decimonónicos de Oscar Wilde o del norteamericano Henry James. No obstante, a lo que se parece Una cita en el parque, 100 minutos de risas, sonrisas, lágrimas y no bochornoso feelgoodismo, es al cine francés de Jean Becker. Hagan un ejercicio de imaginación y cambien a los dos actores protagonistas por Isabelle Huppert y Gérard Depardieu y verán que no me falta razón. Creo.Mostrar mas

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