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Expediente Warren: El caso Enfield

Sinopsis:
Expediente Warren: El caso Enfield Enfield Inglaterra años 70. En una casa de esta pequeña localidad inglesa donde viven una madre soltera (Frances O’Connor) y sus cuatro hijos tienen lugar unos extraños sucesos. De nuevo y para ayudar a esta familia que experimenta fenómenos sobrenaturales protagonizados por espíritus malignos nos reencontraremos con el matrimonio de renombrados demonólogos formado por Lorraine (Vera Farmiga) y Ed Warren (Patrick Wilson) que investigarán estos aterradores fenómenos paranormales. Expediente Warren: El caso Enfield CriticaJames Wan es uno de los reyes del mambo del Hollywood actual; uno de los pocos directores que pueden alternar proyectos personales con grandes producciones sin que por eso le señalen con el dedo en Los Angeles o se rompa su idilio con las taquillas. De hecho viene a ser una especie de versión de bolsillo de Guillermo del Toro; dos cineastas que pueden elegir libremente cuál será su próximo destino unidos en la distancia por su amor al cine de género festivo y leído. El caso es que Wan justo después de haber dirigido la estupenda Fast & Furious 7 y antes de atacar el rodaje de la esperadísima Aquaman se da un respiro y regresa al universo de lo paranormal en Expediente Warren: El caso de Enfield secuela de Expediente Warren; película esta última que merecidamente le acabó de encumbrar como maestro de terror moderno. La segunda parte recurre nuevamente a un caso real del matrimonio Warren (célebre pareja de parapsicólogos norteamericana) un sonado episodio de poltergeist y posesión demoníaca en el Londres de finales de los setenta. El director de Saw parte de ese suceso para crear un estilizado y a ratos genial tren de la bruja que eso sí queda por debajo de su antecesora. Y es que si bien Expediente Warren: El caso de Enfield sigue estando por encima de la media dentro de la producción contemporánea de terror la función se acaba resintiendo por dos motivos: una duración excesiva -dos horas y cuarto- y cierto superávit de azúcar en algunas escenas.Fijémonos primero en lo positivo que es mucho y bien presentado. El prólogo del filme con el caso de la familia Lutz en Amityville en el centro es contundente en la línea del Wan más punk de Saw y Silencio desde el mal. De hecho la primera hora es de aplauso un pasaje del terror en llamas con set pieces memorables: la aparición tras un cuadro con su rostro de la monja diabólica que aterroriza a los Warren –un trasunto del vampiro calvo de El misterio de Salem’s Lot- las manifestaciones del mal en la casa londinense de Enfield –donde se cita de forma directa al El proyecto de la bruja de Blair y Al final de la escalera- o la presencia de una hombre del saco al más puro estilo Babadook con los rasgos de nuestro Javier Botet. Una vez transcurrido ese primer tramo el ritmo de Expediente Warren: El caso de Enfield es irregular. Wan trufa su habitual y cuidadísimo horror show –una mezcla equilibrada entre jump scares y crescendos de terror atmosféricos bien trabajados- con escenas intrascendentes que muestran la relación de pareja de Ed y Lorraine Warren. En la película son descritos como una especie de Iker Jiménez y Carmen Porter vintage con una complicidad a prueba de bombas que fuera cierta o no en la vida real en la pantalla cae a ratos en la autoparodia. El exceso de minutaje y el sentimentalismo de manual quizás estén relacionados con la falta del gamberro Leigh Whannell -mano derecha de Wan en un buen número de películas y co-creador de la otra gran saga paranormal de su compañero Insidious– en el guion una ausencia toreada con éxito en Expediente Warren pero que aquí se acaba notando al suavizar de forma considerable el tono grotesco de la historia. Ahora bien a pesar de eso lo dicho: Expediente Warren: El caso de Enfield es un must see para todo aquel que ame el cine de terror palomitero o simplemente quiera pasar un mal-buen rato. Avisados están 

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