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El secreto de Adaline

Sinopsis:
El secreto de Adaline  está protagonizada por Blake Lively (Gossip Girl) y cuenta la historia de Adaline Bowman (Lively) que nacida a principios del siglo XX sufre con veintinueve años un accidente del que logra sobrevivir pero que le acarreará un efecto: la eternidad. Después de estar durante ocho décadas viviendo en la completa soledad y sin permitir que nadie se acerque evitando que su secreto no vea la luz encuentra a un hombre por el que decide luchar y perder la inmortalidad el carismático Ellis Jones (Michiel Husman Orphan Black Guerra mundial Z La reina Victoria).Cuando un fin de semana los padres de Jones (Harrison Ford El poder del dinero Los mercenarios 3 y Kathy Baker Interestellar) están a punto de descubrir la verdad Adaline decide tomar una decisión crucial en su vida. El secreto de AdalineEsta es una película extraña para los tiempos que corren. Podría ser un melodrama de los años 40 una de esas women’s pictures que protagonizaron Joan Crawford o Bette Davis. Incluso su estética puede parecerdemodé imbuida de un halo intemporal como si estuviera encerrada en una burbuja que la protegiera del tiempo que pasa. Pues bien precisamente se trata de eso. Como en la obra maestra de Francis Coppola El hombre sin edad (2007) que mostraba a Tim Roth alcanzado por un rayo y convertido en espectro inmortal que atravesaba inopinadamente épocas y países a lo largo del siglo XX Adaline (Bake Lively una elección perfecta una actriz de delicada liviandad) sufre un extraño accidente que le impide envejecer y a partir de ahí empieza un recorrido vital que acaba convirtiéndose en una condena. La película la encuentra en nuestros días empleada en una biblioteca y empeñada en pasar desapercibida en huir de sí misma y de los demás en busca de un anonimato inalcanzable. La primera parte de El secreto de Adaline hace concebir esperanzas respecto a esta historia triste y desencantada que hubiera podido transformarse en la tragedia de una mujer condenada a coexistir eternamente consigo misma pero la segunda convierte este cuarto largometraje de Lee Toland Krieger en algo mucho más convencional incluso anodino y vulgar.¿Cómo puede ocurrir eso?Todo depende de lo que enten damos por “romanticismo”. Mientras vamos conociendo el (interminable) pasado de Adaline o introduciéndonos sibilinamente en su vida cotidiana de solitaria melancólica en San Francisco (ciudad asociada al inicio con un pasado elegante y misterioso en la gran tradición de Vértigo) el personaje y el ambiente adquieren una coloración indefinida y la protagonista pasa por la pantalla como un fantasma alguien que vive permanentemente entre dos mundos. En una escena por ejemplo Adaline encuentra unos noticiarios antiguos y su proyección en una habitación en penumbra de su lugar de trabajo sirve para contar su historia y también para asociarla con un tiempo sin tiempo con esas imágenes en las que una vez vivió y a la vez con el universo en el que ahora se encuentra perdida. En otro momento una fiesta de Nochevieja es utilizada igualmente como instante de transición entre un año y otro pero también entre la vida pasada de Adaline y un futuro que se le presenta siempre igual a sí mismo como si su existencia fuera una línea interminable sobre la que debe andar eternamente en precario equilibrio. Sin embargo en esa misma fiesta conoce a un tal Ellis (Michiel Huisman) un joven millonario que se enamora de ella y entonces no solo cambia su vida sino también la película. Ese “romanticismo” triste y reflexivo que domina algunas escenas iniciales se convierte en otro “romanticismo” en el peor estilo del Hollywood actual como si hubiéramos cambiado de escenarioy de repente nos encontráramos en una de esas historias de amor pretendidamente sensibles en las que un actor como Richard Gere puede lucir camisas impolutas de colores pastel y una actriz como Diane Lane dejar caer sobre su rostro una impecable melena castaña mientras caen las hojas de los árboles sobre paisajes crepusculares.En efecto lo que viene a partir de ese momento no tiene ningún interés incluida una subtrama que enfrenta a la pobre Adaline nada menos que con Harrison Ford el padre del jovenzuelo con quien mantuvo un romance en una de sus muchas juventudes. Situada en una bonita casa en el campo esas escenas ya no muestran al espectro que flota en un universo inexistente sino a una mujer más bien vulgar que quiere seguir luchando por mantener su secreto en el interior de una torpe intriga amorosa. En ese momento me pregunto si la discreta fascinación que había ejercido en mí la película en su primera mitad no ha sido un espejismo. Y si todo ello no estaba simplemente destinado a actuar como prólogo de esta serie de secuencias finales más bien bochornosas. Da lo mismo me digo. El hecho es que la tradición del cine americano aún es capaz de actuar como una maquinaria independiente remontarse a su pasado (como Adaline) con el fin de resucitar una cierta mítica del género y de los personajes que puede actuar

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