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El niñero

Sinopsis:
El niñero Noah Griffith (Jonah Hill ‘Moneyball: Rompiendo las reglas’) es un estudiante al que han expulsado de la universidad por conducta reprobable y se le ocurre que podría convertirse en una especie de niñera. No se le da demasiado bien su nuevo empleo pero es la única forma que ha encontrado de ir tirando hacia adelante. Ahora le ha salido un nuevo encargo cuidar de los hijos de sus vecinos: tres angelitos que no se lo pondrán nada fácil y que lo embarcarán en una descabellada aventura repleta de locura y escatología por las nocturnas aceras neoyorkinas.En su desquiciado itinerario el cuarteto se encontrará con toda clase de personajes: un jefe mafioso su esbirro impertinente una mujer adicta al sexo y a la cocaína…El director David Gordon Green regresa al terreno de la comedia desparramada y políticamente incorrecta después de ‘Superfumados’ y vuelve a configurar una película basada en el desmelene y en la ruptura total de tabúes para a partir de ellos generar comicidad.Completan el reparto el pequeño Max Records (‘Donde viven los monstruos’) Landry Bender y Kevin Hernández (los otros dos niños) y Ari Graynor (‘Fringe’) y Sam Rockwell (‘Moon’). El niñero¿Quién hubiera dicho que David Gordon Green el delicado cineasta responsable de ‘George Washington’ (2000) o ‘Undertow’ (2004) el paisajista sensible a lo Terrence Malick iba a verse envuelto en comedias de trazo grueso como ‘Superfumados’ (2008) o esta ‘El canguro’ que nos ocupa? ¿Y quién puede decir que haya tantas diferencias entre ambos registros? Según diversas declaraciones una de la películas favoritas de Malick es Zoolander de Ben Stiller lo cual quiere decir que lo que importa aquí no es tanto el género como la mirada: la realidad vista como ensueño que puede escorarse tanto hacia la poesía como hacia el absurdo en el fondo no tan alejados como pudiera parecer. Y por ello ese “trazo grueso” del que hablaba puede aplicarse a las apoteosis líricas y a los excursos cómicos pues en ambos casos nos encontramos ante un pequeño apocalipsis de las formas: el tono favorito de Gordon Green es en el fondo el exceso.No me culpen por este exordio exculpatorio como si les estuviera diciendo: “¡Oh me gusta Gordon Green haga lo que haga y por eso lo voy a justificar todo!” O cúlpenme si ése es su deseo pues no estarán muy alejados de la realidad. Por supuesto razones industriales de inequívoca estirpe hollywoodiense pueden justificar ese cambio por el simple hecho de que el pobre hombre necesita comer y no iban a ser sus primeras películas las que le proporcionaran las alubias necesarias. Pero a mí me gusta más pensar –la crítica es también una forma del deseo subjetivo— que ha asumido ese nuevo papel con ganas y energía cosa que no desmienten ni Superfumados ni aunque en menor medida El canguro. Ambas se insertan en el modelo de la “comedia gamberra” americana cuentan con actores adictos al género y no se saltan ni una sola de sus convenciones. Pero también ambas se ajustan a lo que parece ser ya una fase crepuscular de esta tendencia y por ello resultan especialmente sombrías y ansiosas. No en vano estamos hablando de una corriente que lleva ya más de treinta años en activo y a la que empiezan a vérsele las arrugas.En este sentido las contradicciones de ‘El canguro’ son indiscutibles. Podemos hablar de una versión perversa de ‘Mary Poppins’ (1964) donde el lugar angelical de Julie Andrews es ocupado por un neurótico inmaduro al que da vida Jonah Hill. Podemos hablar de una variante de ‘¡Jo qué noche!’ (1985) de Martin Scorsese concebida para adolescentes onanistas. Podemos hablar de un viaje a través de la noche urbana concebido en clave cómica. Y bla bla bla. Pero ¿podemos hablar de las contradicciones de ‘El canguro’? ¿Podemos decir que ahí está lo mejor de esta película desigual y llena de altibajos? ¿Cómo se justifica eso desde el lugar del crítico? ¿Cómo queda un servidor ante quien lo lea y quiera un veredicto rápido? ¿Cómo poner las estrellitas cómo decir el “a favor” y el “en contra”? Pues no hay otro remedio señores y señoras porque lo que otorga entidad a una película como ésta es la distancia insalvable entre lo que quiere y lo que consigue. La peripecia de ese canguro improvisado que debe hacerse cargo de tres niños en una noche loca en la que –entre otras cosas— tiene que conseguir cocaína para la mujer que ama es a la vez grotesca y patética y ambas cosas son indiscernibles. No está dirigida a un público infantil porque es demasiado obscena y tampoco está dirigida a un público adulto porque es demasiado ingenua. En la distancia entre ambas posiciones está su punto justo que es tan desequilibrado como todo lo demás.Con admirable concisión -el metraje no llega a la hora y media de rigor- utilizando la unidad de tiempo como paradigma adheriéndose a unos pocos personajes que van entrecruzándose con secundarios surreales ‘El canguro’ pinta un paisaje desolado que concluye en soluciones idealizadas. La noche es el lugar de la neurosis y el vacío a

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