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Brooklyn: un nuevo hogar

Sinopsis:
Brooklyn: un nuevo hogar En los años 50 la joven Eilis Lacey decide abandonar Irlanda y viajar a los Estados Unidos concretamente a Nueva York donde conoce a un chico del que se enamora. Pero un día a Eilis le llegan noticias de un grave problema familiar y tendrá que decidir entre quedarse en su nuevo país o volver a su tierra natal. Brooklyn: un nuevo hogarNo he leído la novela de Colm Tóibín en la cual se basa esta pequeña película que se ha colado especialmente gracias a la excelente interpretación de su protagonista Saoirse Ronan en todas las carreras de fondo de premios de esta temporada. A quien sí que he leído es a Nick Hornby y me preguntaba antes de ver el film qué podía haber interesado al escritor inglés de este material ajeno. Tras viajar a esa Brooklyn de los años 50 que tan bien recrea (con el cine como inspiración más que con la realidad histórica) el largometraje y sobre todo tras ver a ese personaje encarnado por la Ronan lo entiendo. Hornby es un cronista de pasiones grandilocuentes envasadas en pequeños estuches vinilos o carnets de socio de un equipo de fútbol. Es un narrador a quien le seduce el gesto minimalista ese que pasa casi desapercibido para engrandecer desde el soslayo a sus criaturas. Todo eso está en Brooklyn.No sé si también están en el original de Tóibín o si Hornby ha tomado prestada esta comedia romántica de gente corriente y de desarraigo para hacerla suya profundamente suya. Eso se aprecia por ejemplo en el uso de la música de las canciones como motor tanto de la nostalgia arraigada al desarraigo (social cultural territorial…) como de la definición de unos estados de ánimo que van a ir cambiando al ritmo de la acción. Y en el cariño con el que retrata no sólo a la protagonista o a su interés romántico (o viceversa) sino a todos esos vecinos compañeros rostros ocasionales o habituales en un pub etc.Imagino a Hornby escribiendo el guión alternando una lagrimita y una sonrisa y poniéndole al director una serie de notas a pie de página advirtiéndoles queestaba prohibido ponerse espeso y pedante como Terence Davies. Normal. Y el realizador ha hecho caso porque si hay un modelo al que se aproxima es uno que está en las antípodas del autor de Voces distantes(distante he ahí la clave; Brooklyn no lo es): el Norman Jewison de Hechizo de luna. Hasta argumentalmente podemos encontrar paralelismos (romance intercultural costumbrismo a tope…) con aquel entrañable vehículo con Cher y Nicolas Cage. Si a ello le añadimos el estilo verité clasicón que una Joan Micklin Silver detrás de las cámaras tenía en los 80… y ya tenemos un producto impecable corazón y ojos irlandeses. 

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